martes, 15 de febrero de 2011

Alcorcón

Mañana termino una faena más encargada en territorios extrarradiales. Esta vez le tocó a Alcorcón.


No conocía este pueblo. Me llamó la atención, a primera vista, la estatua de la libertad de alcorcón que MUESTRA LAS TETAS (!). Es arte, es amor...y el mensaje predecible pero bonito "la libertad no hace felices a los hombres/los hace sencillamente hombres". Luego cafés anclados en los 80s como aquél de techo alto y letras plateadas frente a una plaza no muy lejos de la Calle Mayor, con una cantidad de postres y un olor particular a café antiguo de mi pays d'origine, destacándose esos alfajorcitos de maizena y otros Havanna para derretirse, yo pillé uno de maizena muy grande y con mucho manjar para aguantar la media-tarde que exige dulce. Pero también el bar grasa con olores sospechosos (la coca cola me tocaba con olor a cebolla y ajo), gritos de obreros, conversaciones interculturales entre la mesera panameña y el jubilado habitué del bar. Joyas del siglo XXI. Y quizás también del XX.


La gente, como mucha del extrarradio, tiene una simpatía particular. Una calidez especial. Sencillez. Sabes de lo que hablo. No me gusta la palabra humildad... me gusta más la autenticidad y la sencillez. Pues eso. Lo sientes, como todo extranjero que desconoce las particularidades de la villa, desde las instrucciones para llegar a una calle, hasta la conversación de los lugareños. Por momentos la tarde puede parecer hasta cansina, la siesta a ultranza del pueblo tradicional o la no-presencia del habitante de una ciudad dormitorio que, a esas horas, está detrás de la máquina del sistema para darle de comer a sus hijos. 


También me gusta Alcorcón por la cantidad de inmigrantes de todas partes que ves. No sé cómo se comportan (no convivo con ellos) pero sí que se les ve integrados sin renunciar a su cultura. En cualquier caso, fenómeno interesante ver a tipos con turbante, mujeres con velo (cosa que condeno dicho sea de paso), bastantes sudamericanos como yo, "señoras que" bien a la laca. Etcétera. Todo gracias a las pistas DGT, que te trasladan desde el Madrid profundo hasta tierras alcoreñas, pasando por Campamento (Camping Town le digo yo), Cuatro Vientos (no sé cómo se puede vivir allí, parece que no hay comercios), y siempre mirando los cerros nevados de Madrid (algunos días la  molesta boina de contaminación, por cierto).


Mañana dejo Alcorcón, muchos recuerdos, una canción:




Y la promesa de volver a comer esos deliciosos alfajores de maicena, esta vez con alguna novia aventurera que me quiera acompañar.


complejaycotidiana@gmail.com