Hoy tocan las exploraciones necesarias a falta de consuelos u otros estímulos prioritarios pero ausentes. Qué desastre, ando más compleja que cotidiana por estos días de estrés, angustias, temor a la inminencia de un verano vacío. A la espera de un milagro atribuyéndole una obligatoriedad con la que de por sí no cuenta.
Tendré que optar por el camino más fácil: trabajármelo todo. Porque fluir, dejarse llevar, quizá funcione pero mi tercer ojo está cerradísimo, bloqueadito, sin saber qué hacer. Correr la cancha es siempre la opción más pragmática, así como es más fácil la verborrea y no la brevedad en la comunicación, como nos quieren hacer creer.
Pero qué te puedo decir, por decir algo... Determinadas reprimendas me ponen decididamente mal. Me conectan con lo más oscuro de mi pasado y con lo más infantil de mi presente que es no haberlo superado. La conexión no es aparente, pero allí está. Me abren en canal frente a un mundo cruel donde soy un ser vulnerable, donde a veces pienso que debería construir un discreto cinismo para subsistir. Desde que perdí la inocencia desarrollé un pánico inmenso a la crueldad del mundo, que pasa por encima de tus ansias de justicia, de mínimos de sentido común. Que se lo carga todo, sin más, violentamente, que arrasa y, a veces, si te metes en esa vorágine, te deja vacío.
¿Y cómo hace entonces la gente "normal" para poder sobrevivir a todo esto?. Sigo preguntándomelo, mientras armo tímidamente estrategias para empujar el coche. A lo lejos, retumba el eco del "hay que seguir luchando", y esa parece ser la solución más apropiada, que nos puede o no llevar a alguna parte pero cuyo iter ilusiona, y de eso, de eso vive el hombre.
Espero lograr sentirme mejor después de soltar esto...
complejaycotidiana@gmail.com