viernes, 25 de marzo de 2011

Amago de incendio

Las primaveras son amenazas. Vierten con su sol, radiante e inusitado, extrañado por muchos durante el duro invierno, ráfagas de ilusión, sobre todo a los desesperados. Esas ráfagas que te ciegan ante la realidad del desamor, de los que nunca hemos probado bocado. Un verdadero bocado.


De inmediato los días grises, para amenizar tu rutina. Las terrazas que se repliegan, los propietarios furiosos. Tú, muy triste. Las amenazas eran eso, falsas alarmas con pretensiones exageradas. Seguirás entonces recibiendo la cantidad habitual de correos electrónicos, regresando a tu casa a la misma hora rutinaria, sonriendo cuando puedas pillar en un zapping inopinado "Vaya Semanita". Todo seguirá igual.


Por supuesto que no eras infelíz, decías que disfrutabas mucho de tu mundo interior, de tu pequeño universo particular, que caminabas disfrutando tus propios caminos. Pero, cuando llego la "primavera", sentiste que por más realizada que te creías, algo te había faltado. Now you felt "complete". Y entendías por qué coño el mundo dice que cuando tienes a alguien de tu mano eres "felíz". "Amor, me haces felíz" le dirías. Pero no. Retroceder. Fue una falsa alarma y tendrás que regresar de vuelta al barrio. "De donde nunca debiste salír", diría mi superyo.


Y la vida, y los días grises, deberán continuar con mi mejor sonrisa y mi más amplio paraguas. Faltaba más.


complejaycotidiana@gmail.com