Esta primavera falsa, del Madrid climáticamente bipolar, me está bajando el ánimo. Extraño escribir posts superficiales en este escondido blog, para el deleite de mis cero lectores. ¡Sol, ven ya!
Y yo estoy triste y aterrada por una sensación de soledad que se recrudece. La falta de compañía humana. El bajonazo de lo de Adriana (con quien todo se quemó en tiempo récord, y pasa de mí, ya te dije, en AVE, TGV, Concorde, todo junto). Necesito de manera urgente conversar con alguien. Pero ya. Mi compañera de piso está hecha un hongo, tiene que terminar su tesis y su naríz en los libros es absoluta. Hablo con mi amigo Francisco, que de vez en cuando me llama, le pido que charlemos, pero me dice que está con demasiado trabajo, y yo le entiendo. Intento charlar con Javier, el amigo abogado, y me dice lo mismo. Katrina estaba expatriada en los US de A, pero ya volvió a su tierra, a mi tierra, y ya no tiene ese vacío, esa soledad que la hacía buscarme para charlar y quejarnos de todo y de todos, esa catársis tan maravillosa. Ahora está con todo su grupito de la universidad y pasa de mí en Transbordador. La invitan a todo, ya sabes, las bienvenidas, las comiditas y meriendas, y encima está trabajando en una institución que acaba con todo el poco tiempo que le queda disponible después de toda esta jarana.
Me gusta estar sola, ¿sabes?. Pero no tanto. Soy una criatura que valora sus propios espacios, que incluso huyó de son pays d'origine para protegerse de ese mal que se llama "gente invasiva", pero también soy un mamífero que se quiere relacionar con otros mamíferos.
Sandra se puso a conversar conmigo en el MSN. Me dijo que debemos estar en oración porque en cualquier momento un tsunami nos puede devorar. Ya estamos viejunas, eso está claro.
Tendré que alquilar a un amigo, por horas (salió en la tele el otro día). Porque Alejandra, también de "esos lares", me preguntó inocentemente "y tienes amigos allá" y no le supe responder, aún cuando acepto y reconozco que la gente aquí es acogedora, también acepto y reconozco que no tengo amigos, gente con quién compartir. Esa no respuesta me dejó en shock, reveló una realidad frente a la cual no quiero abrir los ojos. Sola. Totalmente sola. Frente a una pared. El oso acecha. Y yo no quiero.
complejaycotidiana@gmail.com