lunes, 28 de marzo de 2011

Strange currencies

I.


No veía a Gabriel desde hace siglos. Ha encontrado trabajo en una empresa valenciana un poco extraña, donde tiene que lidiar con obreros de la construcción. Moría por contarme, personalmente, el dantesco contexto laboral que le ha tocado vivir en esta etapa suya en Madrid. Y yo moría por contarle sobre el último deslumbramiento que he tenido, con una chica a quien conocí a través de una conocida red social.


II.


Gabriel tenía ganas locas de que vayamos al mexicano ese donde le hacen unos nachos de campeonato a su medida. No Panza es Primero sino el que dicen es de Sabina. Nos subimos en un taxi y para allá que fuimos (Alonso Martínez). Dos micheladas para empezar. Amo las micheladas, y estas no estaban nada mal.


III.


Le dejé que me comentara, por un buen rato (él pagaba, lo cual le daba la prioridad en la conversación), el contexto tóxico de su nueva empresa. Me lo contaba con desaliento de joven competitivo que quiere cambiar una cultura laboral (la española) que no lo hará. Y con su acento de argentino-gaucho-singotadesangretana, que le da un toque particular. Luego vino la historia de la chica, lo inevitable de pensar en ella y sentirla en mí, el corazón al galope, la forma en que la estaba conociendo, las ganas al pil-pil, rebosantes, imprudentes, retenidas en mis labios. Él, acostumbrado a la decepción amorosa (como yo) y pesimista (a diferencia mía -creo-), me dijo que me lo tomara con calma, pero me deseó suerte. Terminamos dos chelas, mexicanas también. Y calabaza calabaza.


IV.


El día anterior, desesperada ante la inminencia de un posible abrazo, y al mismo tiempo prudente de no ir yendo a lo personal en medio de una red social donde nos mira el equivalente a 3 salones de clase en universidad importante, la agregué al MSN. Ese día, el día de los nachos con queso, iba a ser el día. El día D, el de la comunicación íntima y el de los hielos rotos. Entre nerviosa y contenta, salté de metro en metro para regresar a abrir mi MSN con prisa y encontrarla, conversar con ella más íntimamente, conocerla, contarle mi día, concretar lo que, según mi mente, "teníamos pensado": el final (o inicial) encuentro. 


Abrí el MSN. Me latía a mil el corazón cuando tecleaba mi contraseña. Muy adolescente. Breath taking. El muñequito verde. Y ella estaba ahi. No me atreví a dar el play de honor, que suele ser un tímido "hola", sino hasta pasadas cinco canciones que me dieran el ánimo suficiente para decirle tan pequeña y gran palabra. Pero lo hice y me respondió con rapidez. Yo emocionadísima.


Nos contamos cosas de nosotras mismas. Comprobé que era más culta de lo que pensaba. Me intimidó. Hasta ahi, todo bacán. Luego vino el tema de la sexualidad, y me confesó ser BI y tener novia. Tras el isn't it ironic? en toda regla, me despedí, alegando tener que dormir, como controlando mi furia, mi pena, mi frustración. Cerré el MSN pero, como cuando una persona está a punto de salir del pasillo y luego recoge sus pasos para dar la estocada, volví a abrir el MSN, con la fuerza de mi pasión y de mi decepción, para, a través de un ligero sarcasmo, decirle que gracias por confesarme lo de su novia. Ahi se rompió el hielo verdaderamente, dejamos timideces aparte, pasamos horas conversando y me dijo que le gustaba (?), pero también que yo me había tomado en serio mensajes cariñosos en esa red social porque eso "yo se lo digo a todo el mundo". Pero nada era igual. ¿Tú cómo te tomarías esta patada en el culo dada por el destino?. 


V.


He llorado como un niño entre viernes y sábado. ¿Por qué me haces esto, Dios mío?. La ilusión rota, el trozo de espejo en medio de mi vientre. La ironía de tener a LA chica (mi edad, culta, inteligente, simpática, graciosa) enfrente mío, a la mujer ideal sin que nada pueda hacer. El sábado fue horrible. Me fui a comprar cosas al IKEA, que reventaba de gente, básicamente de parejas y familias, de todas las orientaciones sexuales, que elegían cositas para el domicilio de consuno. Y yo sola y sin dinero, sin amor, deseando cargarme al mundo entero, despreciando sus uniones, relajándome llenando refrescos e ingiriendo Hot Dogs anti operación bikini.


Al día siguiente se me pasó. Se había conectado Sandra, una de mis mejores amigas. Le conté el panorama y me dio unas interpretaciones interesantes, aunque no todas con mucho asidero. Sólo las de carácter "espiritualón" fueron tomadas en cuenta ("agradécele al cielo haber conocido alguien como ella aunque luego no pase nada"). Not.


VI.

Sigo teniendo a Adriana en el MSN pero trato de no tomármela mucho en serio, aunque me atrae muchísimo y me interesaría conocerla. Sandra me dice que me la tire, que "por qué buscar fuera del plato otras cosas/seguro su relación anda mal", pero sinceramente yo no la conozco y va a ser que efectivamente sea como ella diga: que le gusto en el sentido de que le caigo bien, que me valora algo como persona, y que su relación, ciertamente, va de putísima madre. En el MSN pasa absolutamente de mí. Si no le hablo, no me dice nada. Si le hablo, no es una conversación con feedbacks incesantes, me dedica muy poco tiempo y cuando lo hace me hace tests muy gafapastas acerca de mi nivel cultural. Cuando hablamos, lo hacemos como si tuvieramos que justificar el hecho de estar conversando, hablando cada una con una misma. Pero así en general pasa en moto, tren, y airbus de mí. Ahi la tengo, ahora mismo, en el MSN, abierto, y no me dice ni mú. Será que no le interesaré. 



No puedo creer que, a menos de una semana, tenga que apretar, corriendo, el botoncito next. C'est l'amour. Chiant.


complejaycotidiana@gmail.com