(sobre todo cuando suelo imaginar, en la calle, títulos alucinantes, que suelo olvidar con suma facilidad).
pero sí
Se acaba la primera semana de enero. Comienzan las rebajas y el entusiasmo, aunque siempre hay gente (y situaciones) que te rebajan el entusiasmo. Como Adriano (asociado con el buen señor) llevándose los mangos de un trabajo propio, el saber que me oculto cosas a mí misma y estallo en los momentos menos pensados (cuidado, ya debo empezar mi terapia para evitar tal catástrofe), las exiguas cuentas, la puta lluvia de todo el sábado.
Comienzan las rebajas.
Saliendo de mi cita con Cristina, atravesé una ciudad paralizada por cabalgata de reyes para poderme comprar un pantalón. Mi progresiva obesidad me está haciendo reventarlos como si fuera Hulk. Una ciudad paralizada por cabalgata de reyes, gente que no podía cruzar la castellana y que se enfurecía por eso, las imágenes de los protestones no tenían desperdicio. Esto no pasa en Europa... por eso amo Madrid.
Cuando superé las vallas (sin gritos ni protesta, sino caminando como una lady), atravesé lo que quedaba de Alcalá, hasta llegar a esa bifurcación o trifurcación que se produce a la altura del Círculo de Bellas Artes y genera una callejuela solitaria cuyo nombre no recuerdo y la recorridísima Gran Vía, la zona del movimiento.
Me metí por la callejuela solitaria hasta llegar a Montera. Tenía hambre y entré al 100 Montaditos, el lugar donde comen y beben los becarios iberoamericanos de la AECI y tratan de resolver el mundo con un chorizo a la sidra. Era miércoles y pedí una ensalada César de 2 Euros que no estuvo mal pero me quedé corta. El Montaditos desbordaba de gente por dentro, así que tuve que irme a comer a la terraza, bajo el inusitado gris de Madrid y su también inusitada lluvia. Al lado mío, una joven choni gorda que acababa de ser despedida se peleaba con su amigo (también del estilo, aunque con varios kg de menos) porque ella quería pagar las copas (y él también: "cómo vas a pagar si a tí t'han echáo?"). Después, el chico (ataviado con un viejo chandal azul) comentaba cosas muy barriales del tipo "me pegó con el palo de la fregona así que decidí romperle las costillas", como si se tratase de algo completamente normal. Cambió de tema y dijo que "el Jhota" iba a una discoteca llamada "Bass" las vísperas de feriados ...(???) y que por tanto iría a Bass ese mismo día, víspera de Reyes...
Cuando terminé la última hilacha de pollo de mi Caesar's, enrumbé rauda al Springfield, cuyas rebajas le permiten a mis exiguas cuentas ser más rendidoras. No vaya a ser que esté lleno de gente y no hayan probadores. Felízmente, habían pocos. Me compré un pantalón de 12 euros proporcional a mi gordura, y creo que me gusta cómo me queda. Se me ve como gorda-cool. Luego recordé que no tenía un ingrediente de mi país en la alacena, y decidí ir a comprarlo por Plaza de España, cerca de los Mostenses. Aprovechando mi paso por dicha zona, me empecé a preguntar dónde quedaba el famoso chino del submundo (del cual tanto habla PopyB), que me tiene salivando desde hace semanas. En una pregunta que le hice a su formspring, me dijo que estaba "debajo del parking, o bajando las escaleras del parking". Y yo como estúpida mirando ese parking que está en los Mostenses, no muy lejos del italiano Da Nicola, y niente. Más tarde, ya en casita y vía Google, que todo lo puede, pude saber dónde quedaba el famoso chino del submundo. Y está en PLENA PLAZA DE ESPAÑA. Hasta alguno cuelga un vídeo donde te indican cómo llegar. ¡Qué secretos guarda la plaza de España!, ahora siento que en cualquier momento puede aparecer del subsuelo un enorme dragón y emerger para cargarse a todos (incluyendo a Don Quijote). La venganza del dlagón.
Con el antojo ya instalado, hoy fui a un chino del supra-mundo. Por mi barrio. Me cobró 7 pavazos por comer un tallarín cualquiera (que yo sola me podría hacer en casa con los del Día). A veces la desesperación nos hace cometer errores. Como siempre que voy sola y estoy muy aburrida, se me dio por escuchar la conversación del de al lado: se puso a hablar de su terapia, de los tratos de su madre y de su padre, de sus complejos, de su autoestima, de que invierte 50 euros en cada sesión y le hacen de todo... que me de el teléfono de su terapeuta.
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complejaycotidiana@gmail.com
