lunes, 18 de abril de 2011

Fin Landia.

Estoy impresionada con los resultados electorales cosechados por los Auténticos Finlandeses en las recientes elecciones del nórdico país. No difieren mucho de los scores que, en el norte de Europa, suele cosechar la extrema derecha. España, sin ser un país particularmente racista (opinión muy personal a partir de percepciones mías, que no comparten muchos de mis conciudadanos) y sin tener resultados electorales significativos de extrema derecha, acaba de aprobar un reglamento de extranjería un poco duro (aunque bueno en algunos puntos), y la "gente", el populus, dice que eso no es suficiente. Vox pópuli, vox dei. La tiranía de la mayoría.

En todo caso, muchos de los que procedemos de ciertos países de América Latina, donde no se respetan las mínimas reglas de convivencia y urbanidad, sentimos de manera notable el efecto del cambio, y lo agradecemos. Allá las respetábamos, pero hacerlo suponía destrozar las reglas de una jungla donde el más "listo" prevalece. Las reglas de un juego caótico, estresante, inhumano, que nos asfixia. Intentar cambiar las cosas desde arriba es una técnica a corto plazo infructuosa y poco recomendable para espíritus vulnerables como los míos. Cambiarlas desde tu vida cotidiana supone retar las interacciones enmarañadas de esa selva. Deja demasiado poco espacio en tu cerebro para otros aspectos de tu desarrollo personal por los que sí merece la pena apostar.

Entonces te resulta reconfortante la sonrisa de la señora en el metro, el viejito que te encuentras en la parada del autobús y te cuenta sus cosas, los adolescentes de la ESO que, mochila al hombro, te ceden el asiento, todos, todos los que te tratan con esa educación que en tu tierra de brusquedades brillaba por su ausencia. This is the common people, y para serlo, no están tan mal. Qué buen populus que tienen.Y luego ese populus, oh, wait, ¿será el que aplaude toda medida anti-inmigración, el que banaliza el discurso negando su racismo, el que te trata bien pero que en el fondo de su corazón quisiera que te fueras, el que le da base a que los políticos y sus "políticas públicas" pongan vallas elevadísimas (que denomina "requisitos", cual seco funcionario carente de sensibilidad) a tus proyectos?. Y eso que, felízmente, estoy en España, un país, after all, latino. Que más arriba la amabilidad y la pseudo-civilización es directamente proporcional a su predilección electoral por la extrema derecha. Y que, por eso, en el Sur se pasa mejor. O eso dicen.

Yo me prometí no regresar en un cuarto de hotel frente al Pacífico, bañada en llanto pensando en todo lo malo que dejaba y todo lo bueno que podía esperarme, mucho de lo que ya está aquí a pesar de mis tormentos. Y pensando en todo lo bueno que también dejaba, y todas las dificultades y escollos que me esperaban. Buscando una balanza. La que tendré que utilizar, porque no hay marcha atrás: no rewind, es el fin.

complejaycotidiana@gmail.com